Recordamos hoy el inicio de la Guerra de Malvinas, la gesta de Malvinas, la locura de una dictadura que ya no sabía cómo sostenerse en el poder y arriesgó su última moneda. Esa moneda agitó un ¿infantil? sentido patriótico que motivó al pueblo a vivar a un alcóholico general que quiso jugar a los soldaditos de plomo.
Reinvidico los derechos de nuestro país sobre las Islas, pero no acepto ahora (como recuerdo no haber aceptado en 1982 con 5 años de edad) ni nunca la posiblidad de la lucha armada. Menos cuando no estábamos preparados para luchar contra los ingleses, cuyo ejército estaba profesionalizado.
Alguna vez se dijo y coincido con la idea. Con la sangre de los soldados argentinos muertos en Malvinas (o por Malvinas) se regó la democracia. Tuvo que derramarse tanta vida para que el pueblo (que días antes había cantado al General) ahora pidiera el retiro de la dictadura. Los mártires de la democracia (entiéndase, por la democracia) no son los 30000 desaparecidos, sino los caídos en la Guerra.
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miércoles, 2 de abril de 2008
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